Desafíos, creencias y caminos hacia el liderazgo femenino
Artículo sobre Fátima Ribeiro publicado originalmente en Valor Magazine con motivo del Día Internacional de la Mujer.
Traducción del artículo original en portugués.
El Día Internacional de la Mujer es una invitación a la reflexión y a la acción. Fátima Ribeiro, coach ejecutiva con experiencia internacional, cree que la transformación comienza con la conciencia y el apoyo estructurado a las mujeres que aspiran a puestos de liderazgo.
Fátima Ribeiro desarrolló su carrera en la banca, la docencia universitaria y el coaching profesional. Desde muy pronto sintió “la necesidad de apoyar a las personas en la adquisición de competencias, la profundización de conocimientos y la ampliación de capacidades”. Esta combinación le permitió comprender las dinámicas de poder, los procesos de decisión y la complejidad de las organizaciones. “El contacto con diferentes geografías, desde América Latina hasta América del Norte y Europa, me dio una perspectiva comparativa muy rica sobre liderazgo, diversidad e igualdad de género”, explica.
Para Fátima, hay tres dimensiones que mantienen las desigualdades: los comportamientos individuales, las prácticas y políticas de liderazgo y la cultura organizacional. “La forma en que cada persona percibe su contexto, se posiciona, se comunica y construye relaciones dentro de la organización tiene un impacto significativo en su progresión profesional”.
Sin embargo, muchas creencias culturales operan de manera inconsciente. En algunas culturas, “está muy arraigada la idea de que ‘nuestro trabajo habla por sí solo’. Esta creencia puede llevar, sobre todo a las mujeres, a no visibilizar sus logros o a no crear relaciones estratégicas que potencien su visibilidad”. En este contexto, el coaching ejecutivo surge como una herramienta crucial para cuestionar las creencias limitantes.
“El papel del coaching es promover la toma de conciencia individual y sistémica y ampliar posibilidades. Muchas veces, llevamos con nosotros pensamientos y supuestos de los que ni siquiera somos plenamente conscientes”, explica. Este proceso permite identificar patrones de reactividad, cuestionar la percepción de la realidad y explorar nuevas formas de actuar, mostrando cómo pequeños cambios de perspectiva pueden generar impactos significativos en la capacidad de acción personal y la inteligencia emocional.
Para promover la equidad de oportunidades, defiende intervenciones a nivel individual y sistémico. “Es esencial acompañar a las profesionales ofreciéndoles apoyo mediante coaching, mentoring y desarrollo de competencias que las ayuden en contextos todavía masculinos. Crear oportunidades reales implica analizar si la estructura del trabajo, los criterios de evaluación y las dinámicas informales favorecen la diversidad”. Detalles como los horarios de las reuniones, las exigencias implícitas y las prácticas informales pueden limitar la participación femenina si no se revisan.
“No se trata solo de abrir puertas, sino de garantizar que las condiciones permitan atravesarlas de manera efectiva”, defiende.
A las mujeres con síndrome de la impostora o ansiedad ante mayores responsabilidades les aconseja invertir en el autoconocimiento, apoyarse en sus fortalezas y, sobre todo, construir redes de apoyo. “El liderazgo no es un ejercicio aislado, es una comunidad. Contar con mentores, apoyo emocional y personas que nos desafíen positivamente marca la diferencia”.
El mensaje es claro: “Reconocer competencias y logros, conectar con el poder personal, ser agente de cambio, desarrollar relaciones y adoptar una perspectiva de curiosidad en la relación con los demás y soñar”, concluye.
“La transformación es una maratón hecha de pasos constantes. Cada paso que damos hoy consolida oportunidades y abre el camino hacia un futuro mejor”.


